El dedo

Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa. -¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios. -¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro. (Microrrelato. Feng Meng-lung, China: 1574-1646)

Busca entre los hombres, de mendigo a millonario, uno que esté satisfecho con lo suyo y no encontrarás uno entre mil (…) Hoy tenemos que comprar unas botas y un abrigo, mañana, un reloj y una cadena; al día siguiente debemos instalarnos en un apartamento con un sofá y una lámpara de bronce; después tenemos que tener alfombras y vestidos de terciopelo; luego una casa, caballos y carros, pinturas y decoraciones.
León Tolstói

La avaricia de la humanidad es insaciable. Aristóteles

La sociedad de consumo, el consumismo exacervado y la avaricia nos ha llevado a una situación en la que todos buscamos un culpable. El tener objetos valiosos (casas, coches, móviles, etc.) ha hecho que creamos que el poseerlos nos haría más felices. Y durante un tiempo funcionó, nos convertimos en los “amos del universo”: teníamos el mejor coche, el mejor adosado, el móvil último modelo, etc. En el universo en el que nos movíamos, por un “instante” éramos los “reyes” hasta que nuestro amigo, compañero de trabajo, hermano o vecino pensaba “¿y por qué yo no lo puedo tener también?” Entonces nos desbancaba comprando esos objetos y luego, otros o nosotros mismos hacíamos igual, como si estuviéramos en una rueda que gira y gira sin parar, metidos en un círculo vicioso…
Mientras los usureros (léase bancos y otras entidades financieras) se llenaban sus bolsas de oro con los réditos de créditos personales, al consumo o hipotecas. ellos, el colmo de la avaricia, prestaron y prestaron y no dejaron de prestar, aunque para ello tuviesen a su vez que pedir prestado a otras entidades más avariciosas aún… Y claro, como decía mi madre “la avaricia rompe el saco” y el saco se rompió hace cuatro años y seguimos hundiéndonos, no todos, ¡por supuesto! ¡Faltaría más!
Ahora los curritos se encuentran sin trabajo, debiendo el adosado, el audi y el móvil se lo han bloqueado por no poder pagar, entre otras consecuencias de ese consumismo, de esa avaricia, en la que muchos caímos.
¿Y los usureros? ¿Qué fue de ellos? Pues que entre todos les estamos pagando sus deudas.
Por otro lado, muchos de los que hoy sufrimos este desastre éramos consumidores, no consumistas, no somos avariciosos ni envidiosos, no obstante, la riada nos lleva a todos -menos a los usureros-.
Perdonen, pero es que la lluvia ha traído a mi cabeza, con jaqueca, estos negros pensamientos, bueno, la lluvia y que me ha llegado la “multa” de 82 € que me van a descontar en la próxima nómina y que corresponde a uno de los días de huelga del curso pasado. mmhr (25/10/2012)

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Acerca de mmerhum12

Me gusta leer, me gustan los libros, no puedo prescindir de la música. Aprender a escribir es un reto. Me dedico a la enseñanza. Soy profesora de Geografía e Historia en un instituto de secundaria obligatoria y postobligatoria. Intento disfrutar con mi trabajo y, a veces, lo consigo.
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