El concierto

Aquel concierto fue sorprendente. Cuando decidió acompañar a sus amigos al concierto lo hizo sin mucho convencimiento. No conocía a las bandas que actuaban, se encontraba fuera de la onda, pero ellos la animaron diciéndole que eran muy buenos, que lo pasarían bien, que a ella le hacía falta desconectar del trabajo…
El viaje no se le hizo demasiado largo y antes de darse cuenta habían llegado a la ciudad. Después de pasar casi una hora buscando aparcamiento, por fin encontraron uno que no quedaba demasiado lejos del apartamento que habían alquilado. Iban a estar en aquella ciudad provinciana tres días. Subieron al apartamento, séptima planta, y descubrieron, maravillados que tenía una terraza enorme y con unas vistas impresionantes. Se veía el mar, toda la bahía, el puerto, el faro y gran parte de la ciudad.
Cenaron temprano y se marcharon al primer concierto.
Cuando llegaron tuvieron que guardar cola para entrar y una vez pasaron al estadio, buscaron sus asientos. Posiblemente, decía una de sus amigas, se levantarían más de una vez, porque Storm era una banda fabulosa que con sus temas te hacía estar de pie y bailar.
Empezó el concierto, estaban cerca del escenario, la tercera fila y podían ver al grupo bastante bien, sin necesidad de mirar a la pantalla gigante que habían colocado. Su estilo no era, según su opinión, muy definido. Rock, baladas y al final se pasaron al blues. En un pequeño descanso, el vocalista empezó a presentar a su banda, y cada uno de ellos hizo una demostración de su arte con los instrumentos, como es habitual en estos casos. Cuando le tocó al batería, que no le había parecido muy bueno (y es que era fan de Phil Collins), se levantó para que el público le viera. Le resultaba familiar, había algo, no sabía muy bien que era. Bah, ¡qué tontería! Sólo le vio un instante porque se sentó para tocar. Empezó a dar vueltas en su cabeza, lo más seguro es que le hubiese visto en TV o en alguna revista. Y se olvidó de él.
El concierto estuvo bien, sus amigos decían que muy, muy bien, que era una banda fantástica, etc. Ella no opinaba igual, pensaba que había grupos mucho mejores que Storm.
Se fueron a un pub y tomaron unas copas. El ambiente estaba cargado de humo y le dijo a sus amigos, que eran fumadores, que iba a salir a tomar un poco de aire fresco. Se salió a una terraza que daba a la playa. Respiró el aire limpio y fresco y se tomó un trago de su copa.
Estaba ensimismada, cuando notó a alguien muy cerca, demasiado -pensó- que le susurró algo que al principio no entendió. Se volvió y en la penumbra, un hombre muy cerca de ella, le volvio a hablar muy bajito: ¿te gusta la Piazza Nabona? ¿Piazza Nabona? Era una pregunta fuera de lugar, pero que ella pronto comprendió. Solo había una persona que le podía preguntar eso, estando como estaban en España, a cientos de km de Roma. Efectivamente, era él, el hombre que conoció en aquella plaza romana, junto a la Fuente de los Cuatro Ríos…Pero, cómo estaba aquí, cómo era posible ese reencuentro, deseado durante tanto tiempo, pero no buscado. Comenzaron a hablar, sin apenas salirle las palabras, nerviosos, eran dos desconocidos después de tantos años, más de veinte. Ella pensaba rápidamente, mientras le escuchaba, se habían enamorado allí en la Fuente, cuando sus ojos se encontraron y él le pregunto aquello de ¿te gusta la Piazza Nabona? Estuvieron juntos dos días. Él le pidió matrimonio ¡qué locura! Sólo hacía dos días que se conocían, pero, no hacían falta más. Luego, los convencionalismos sociales pudieron más y la vida les separó. Nunca más supieron el uno del otro hasta ese instante. Ella se llevó mucho tiempo colgada, pensando en él. Pero, ahora… Él le dijo que estuvo tres años buscándola y es que ni siquiera sabía sus apellidos ni su dirección. Ella, calló. Muda y emocionada, asustada porque en su interior todo se revolvía y renacían los sentimientos.
Sus amigos vinieron a buscarla y ¡sorpresa! Pero, bueno – dijo uno de sus amigos- fíjáos, así que no te gustaba mucho la banda, y ahora nos deja por el batería-
Ni se había dado cuenta que era la misma persona. Claro, por eso le había resultado familiar. Y aquí con los nervios, la poca luz, etc., no le había reconocido como el batería. Se despidieron. Él dijo que tenía que madrugar para los ensayos, que al día siguiente iba a estar por allí.Su amiga la asaeteó a preguntas y ella le respondió a algunas. Le dijo que se habían conocido en Roma hacía muchos años y nada más.
Esa noche apenas durmió. Pensaba en el pasado y el presente. Siempre había deseado ese reencuentro. Mañana haría por verle, aunque realmente tampoco habían quedado.
Al día siguiente, el concierto le gustó más, era un grupo que tocaba sobre todo blues y el saxo era genial. Ya lo había conocido en otros conciertos. Estaba inquieta pensando en que iban a volver a verse.
Cuando finalizó el concierto no sabían a dónde ir, y sus amigos propusieron ir a otro local que les habían recomendado, dónde ponían unos mojitos muy buenos. Ella no fue, les dijo que se iba al apartamento, que estaba cansada. Pero, sí, como imagináis, mentía. Se marchó, después de aguantar las protestas de los amigos, directa al pub del día anterior. Se pidió un vodka con naranja y se salió a la terraza. Cuando llevaba allí casi una hora, pensó marcharse. Seguramente no habría podido venir o se había olvidado. Era una tonta por pensar que todavía podía haber algo entre ellos. Pasó al interior y frente a la terraza le vio. Estaba sentado con una chica y parecían más que amigos. Él la vio y se dirigió a ella. Le dijo que no se marchara, que estaba saliendo con aquella chica, pero que no era nada serio, y que si le apetecía salir a dar una vuelta, se excusaría con su acompañante y saldria con ella.
No le pareció bien pero, pensó que tenían mucho de que hablar, así que aceptó. Mientras él volvía se pidió otra copa y casi la apuró de golpe. Fue al baño y se miró al espejo, estaba pálida. Se retocó el maquillaje y se peinó. Quería que él la encontrara atractiva.
Salieron y él empezó a explicarle la odisea de aquellos tres años, buscándola en su ciudad. Hablando se dieron cuenta que habían llegado a estar muy cerca y sin embargo no se habían encontrado. Él empezó a tocar con un grupo y bueno, a viajar, giras, conciertos… Y se le había pasado el tiempo. Le preguntó que había hecho ella.
Callada, no supo que decir, pero pronto se vio desgranando sus recuerdos de esos veinte años, su vida y se la contó. Había estado cinco años sin salir con nadie, pensando que él vendría, no sabía como, conseguiría encontrarla. ¿Y después qué pasó? Le preguntó si se había casado.Había terminado la carrera – le dijo- y se marchó a Roma. Consiguió trabajo en el Instituto Cervantes y allí seguía. Ahora estaba de vacaciones. No le dijo que todos los días iba a Piazza Nabona y pasaba mucho tiempo mirando la fuente, el obelisco y a los hombres que allí se paraban solos. Y luego se marchaba a su casa. Llevaba catorce años haciendo lo mismo, soñando con aquel encuentro, rechazando las relaciones que entablaba cuando empezaban ellos a querer formalizarla. No, no se había casado.
Entonces él, cogiéndola del brazo, le propuso de nuevo matrimonio.
Ella, entonces, pensó en todos esos años en los que no había vivido, sus tardes en Piazza Nabona, las relaciones cortadas, los viajes que nunca hizo, los hijos que no tendría nunca… De pronto, se dio cuenta, había perdido media vida pensando en una ilusión, en alguien a quien no conocía, en alguien que era capaz de estar con una chica y a la media hora pedirle a otra que se casaran. Se dio cuenta de que aquello no era amor, sino un espejismo de la juventud que había trastornado toda su vida. Abrió su bolso y sacó una pistola pequeña, calibre 22 y le disparó a bocajarro.
Una sonrisa se dibujó en sus labios. Ya se había acabado su problema, ya no tendría que ir al psiquíatra nunca más. Un simple concierto había sido la clave para arreglar su espíritu. Nunca imaginó que llegaría a sentirse tan en paz consigo misma. Ya no más antidepresivos, ansiolíticos o vodka.
Él, con ojos de sorpresa, la miraba mientras caía al suelo y un reguero de sangre manchaba su ropa. El disparo le había dado en el pecho.
Ella, guardó la pistola en el bolso, le miró fríamente a los ojos y se marchó, tarareando uno de los temas de los Storm… (mmhr, 2009)Safe Creative #0911024811377

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Acerca de mmerhum12

Me gusta leer, me gustan los libros, no puedo prescindir de la música. Aprender a escribir es un reto. Me dedico a la enseñanza. Soy profesora de Geografía e Historia en un instituto de secundaria obligatoria y postobligatoria. Intento disfrutar con mi trabajo y, a veces, lo consigo.
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6 respuestas a El concierto

  1. INSOMNE dijo:

    Tormenta. Tormento. Atormentada. Todo se conjuga.

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  2. Pensador dijo:

    Que bien llevas al lector a pensar en más de un desenlace hasta casi terminar el relato, lo que uno no imagina, es la calibre 22 poniendo un inesperado final al galán, al romance y a la historia.

    Felicitaciones Mercedes.

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  3. mmerhum12 dijo:

    Exacto. Lo curioso es que después he sabido de un grupo de aquí, de Sevilla, de los 70 llamado Storm. Saludos

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  4. mmerhum12 dijo:

    Me encanta hacerlo, Pensador. Muchas gracias. Un abrazo.

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  5. IGOA dijo:

    A veces nos quedamos presos de un instante que quedo fuertemente grabado en nuestras neuronas. Solo una emocion paralela, una clarividencia repentina puede liberarnos.
    Gracias y besos

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  6. mmerhum12 dijo:

    Nuestra mente es tan misteriosa. Muchas veces es incomprensible determinadas reacciones emotivas ante unos hechos concretos. Gracias, a ti. Besos.

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